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El coche eléctrico: ¿la revolución del transporte verde en marcha?

Varios países europeos, así como los EE.UU., Japón, China y otros, han anunciado recientemente planes audaces para la introducción de vehículos eléctricos. Estos incluyen incentivos fiscales, financiación de la investigación relativa a las pilas y los vehículos eléctricos y planes para el despliegue de las infraestructuras de recarga. Las grandes ciudades como Londres y París han anunciado sistemas de coche eléctrico compartido, mientras que las administraciones públicas y las empresas que utilizan grandes flotas están optando por la compra de vehículos eléctricos.

Al mismo tiempo, los servicios públicos, los fabricantes de coches, los productores de baterías y académicos están uniendo fuerzas en iniciativas como EURELECTRIC, el Grupo de Trabajo para Vehículos Eléctricos, y EPoSS, la Plataforma Tecnológica Europea de Integración de Sistemas Inteligentes. Junto con el Banco Europeo de Inversiones, la Comisión Europea ha lanzado la Iniciativa Europea Coches ecológicos, con 5.000 millones de euros, en parte dedicada a la investigación, desarrollo y fabricación de las pilas y los coches eléctricos y a los proyectos de demostración.

Este frenesí de actividad parece indicar que el coche eléctrico por fin a experimentar un gran avance pero, ¿llega aquí para quedarse esta vez? La historia nos lleva a la prudencia. La producción de vehículos eléctricos comenzó ya en 1838, 52 años antes que los vehículos de motor de combustión. Sin embargo, a partir de 1913 la comercialización masiva de los motores de combustión dio lugar a un rápido declive de los eléctricos. Los intentos de volver a introducir vehículos eléctricos en las últimas décadas han fracasado en su mayoría y todavía representan un nicho de mercado muy pequeño.

Sin embargo, hoy el futuro parece más brillante. Se han hecho grandes progresos en la tecnología de baterías y se espera que los vehículos eléctricos vuelvan a introducirse en el mercado a gran escala dentro de los próximos dos años. En un escenario de crecimiento moderado, en 2050, los vehículos eléctricos podrían representar más del 60% de las nuevas ventas y constituir hasta el 25% de la flota mundial de automóviles. Como sea, las estimaciones sobre la extensión de la futura implantación varían mucho, ya que todavía hay cierta incertidumbre en relación con el desarrollo de la tecnología y el comportamiento del consumidor futuro.

Coches eléctricos: ¿la panacea del medio ambiente?

Los vehículos eléctricos tienen cero emisiones de escape, aunque están, por supuesto, las emisiones procedentes de la producción de electricidad. Una ventaja importante de los vehículos eléctricos es el "desplazamiento" de contaminantes atmosféricos nocivos procedentes de zonas urbanas a las rurales, donde la exposición de la población es menor. Los niveles de ruido son también más bajos, especialmente en las condiciones de conducción urbana.

Nissan Cube

Otra ventaja importante de los vehículos eléctricos es su eficiencia energética. Con una eficiencia en el rango del 60%- 80%, superan por cuatro a los coches convencionales. En general, los vehículos eléctricos logran un mayor ahorro de energía a bajas velocidades y en situaciones de frecuentes cambios en la dinámica de conducción, lo cual es otra razón para que las ciudades sean un mercado objetivo primordial.

Gracias a su eficiencia energética, y suponiendo que la generación de electricidad será mucho más verde en el futuro, los vehículos eléctricos podrían contribuir a una reducción considerable de los gases de efecto invernadero. Teniendo en cuenta el actual debate sobre el cambio climático, este podría ser un factor importante. De hecho, el transporte es responsable de más de una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE y es el único sector con emisiones crecientes. Si bien la mejora de los motores de combustión interna todavía ofrece un considerable potencial para reducir las emisiones por kilómetro recorrido, el recorte de las emisiones de gases de efecto invernadero por encima del 50% requerirá de nuevas soluciones tecnológicas, tales como el vehículo eléctrico.

En comparación con los vehículos convencionales, y basándonos en el actual promedio europeo de suministro de electricidad, las emisiones de los vehículos eléctricos son un 50% inferiores. Se pueden lograr mayores beneficios si sigue disminuyendo la generación de energía a partir de combustibles fósiles gracias a fuentes más verdes y renovables.

Sin embargo, todavía hay algunos obstáculos relacionados con el suministro de electricidad verde, la costosa tecnología de las baterías, el limitado ámbito de conducción y la necesidad de una densa red de instalaciones de carga eléctrica. Para superar estos obstáculos, se están desarrollando innovadores modelos de negocio que ayudarán a transformar el transporte en coche.

Conceptos de transporte y energía integrados

Para que tenga éxito, el coche eléctrico tiene que introducirse en el mercado como parte de un concepto global de transporte y energía en lugar de tecnología independiente. Si millones de vehículos se van a conectar a redes de electricidad, sin un impacto negativo sobre el medio ambiente, debe haber un enfoque integrado del suministro de energía y la demanda (de los vehículos eléctricos) para garantizar el uso de fuentes de electricidad verde. De lo contrario, el aumento previsto de la demanda requeriría nuevas inversiones en generación de electricidad y capacidad de la red.

Los científicos e ingenieros de la industria del automóvil y empresas de suministro de electricidad ya están trabajando en "redes eléctricas inteligentes" para la conexión del vehículo a la red. Esto permitirá que los vehículos eléctricos se conviertan en una parte inherente a la red eléctrica y el sistema de distribución. Los automóviles eléctricos no sólo funcionarían con electricidad verde, sino que además podrían ser utilizados para almacenar y devolver electricidad a la red cuando fuera necesario. De esta manera, el transporte de electricidad también fomentaría el desarrollo de la electricidad verde.

Leasing de baterías y redes eléctricas inteligentes

Los costes de las batería de hoy tienen un sobreprecio de entre 15.000 y 40.000 euros. Dado que los avances tecnológicos en las economías de escala empiezan a arrancar, esto podría suponer una bajada hasta 10.000 euros a medio plazo y a 5.000 euros en el largo plazo. Para compensar estos elevados costes, algunos países y ciudades han anunciado importantes incentivos, como desgravaciones fiscales y subvenciones, aparcamiento gratuito en las zonas urbanas y la exención de tasas de congestión y los impuestos de circulación.

Otra f orma prometedora de limitar los costes de la batería es la fórmula de arrendamiento, mediante la cual la empresa eléctrica propietaria de las baterías las arrenda a los propietarios de vehículos. La iniciativa noruega THINK de vehículos eléctricos para ciudad ya ofrece este sistema de arrendamiento de baterías. El fabricante del vehículo conserva la propiedad de las baterías, lo que también garantiza el suministro de la tecnología de baterías más avanzada y la sustitución en caso de deterioro del rendimiento.

Actualmente, el ámbito de conducción de vehículos eléctricos se limita a unos 200 kilómetros. Se necesita una infraestructura densa de recarga en los espacios públicos para permitir cargas frecuentes durante las horas muertas o de inactividad. También hay que considerar el elemento de tiempo; recargar una batería puede llevar de 3 a 8 horas, contando con un enchufe convencional para la red eléctrica. Teniendo en cuenta que los vehículos están estacionados un promedio del 95% del tiempo, esto no debería suponer un problema si los puntos de carga están ampliamente disponibles.

Además, están en marcha soluciones innovadoras de carga. Las estaciones de carga rápida y alta potencia podrían reducir el tiempo de recarga a menos de 30 minutos. Los sistemas de redes inteligentes para conexión de vehículos podrían permitir la optimización de la carga de la batería. Esto, a su vez, podría resultar atractivo para las empresas de servicios públicos con respecto a la gestión de la red eléctrica y las fluctuaciones en el suministro y la demanda de energía.

Un candidato importante en este sentido es "Better Place", una nueva compañía estadounidense que planea construir una densa red de estaciones para la recarga y el recambio de baterías de vehículos eléctricos. Junto con la alianza Renault-Nissan, Better Place ha estado desarrollando prototipos de vehículos eléctricos en los que el intercambio de la batería lleva sólo unos minutos. Un esquema de arrendamiento financiero proporcionaría tanto el sistema de batería como el suministro de energía. El modelo de suscripción, similar al de los teléfonos móviles, cobraría a los conductores de los vehículos eléctricos de acuerdo a la distancia recorrida. Las primeras redes de recarga está previsto que comiencen a funcionar en 2010/11, en Dinamarca, Israel y Portugal. Proyectos similares están previstas en otros países, incluidos los EE.UU. (California y Hawai), Canadá (Ontario) y Australia.

Conseguir la aprobación de los consumidores

Para lograr un avance a gran escala del coche eléctrico, tecnología y transporte inteligente, los sistemas de energía por sí solos no serán suficientes. Los vehículos eléctricos sólo tendrán un impacto positivo sobre el medio ambiente si sustituyen una cantidad significativa de los kilómetros conducidos en vehículos convencionales. Por tanto, es crucial un cambio fundamental en el comportamiento de compra y de movilidad. Aquí es donde entran en juego la elección del estilo de vida y la planificación de la movilidad.

En Europa, más del 80% de los viajes en coche tienen un promedio  inferior a 20 km. y los europeos conducen menos de 40 km. al día. Esto significa que la mayoría de nuestros desplazamientos pueden acomodarse perfectamente a un coche eléctrico de tamaño medio. Sin embargo, la gente todavía tiende a comprar coches que superan con creces sus necesidades diarias, y prefiere comprar vehículos de gran tamaño que pueden servir para el ocasional viaje de larga distancia en las vacaciones, por ejemplo.

Para cambiar este comportamiento de los consumidores, deben estar disponibles las alternativas. Por ejemplo, los vehículos eléctricos pueden utilizarse para distancias cortas y los viajes diarios, mientras que un vehículo complementario convencional o híbrido (en alquiler o propiedad) podría utilizarse para el viaje ocasional más largo. Investigaciones recientes muestran también que la gente con el tiempo puede llegar a estar más predispuesta a un acceso flexible al transportes y para 2020 debería ser menos dependientes del coche propio. Los servicios para compartir coche eléctrico podría favorecer esta tendencia, y ya están en fase piloto en ciudades como París (Autolib) y Oslo (Move About).

Por último, el transporte eléctrico también tiene que estar vinculado a un concepto de movilidad global que proporcione nuevos vínculos entre los diferentes medios de transporte. Una combinación del coche eléctrico compartido con los servicios de transporte público (tren, por ejemplo) ampliaría la cobertura de la red de proveedores de transporte público más allá de sus nódulos tradicionales.

Los responsables políticos, investigadores, fabricantes y empresas de servicios públicos deberán garantizar que la tecnología inteligente y nuevos modelos de negocio estén disponibles para asegurar que la movilidad eléctrica pueda ofrecer al máximo sus potenciales beneficios para el medio ambiente. Para que esto suceda, también son necesarios los consumidores informados e implicados.

Fuente: European Environment Agency (traducido por Ecogaia Creative)

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